Hace tiempo que leo, en el Público del domingo, un apartado de Miguel Angel Sabadell, que se llama "ciencia de pega", donde este valiente caballero defiende a los inocentes y los ingénuos que podrían caer en las garras de los charlatanes, pseudocientíficos, etc., que intentan sacar dinero y engañar a la buena gente.
Si hubiera vivido en otros tiempos, seguro que hubiera proclamado que la tierra es plana, y mandado a la hoguera todos los charlatanes de la epoca, los Giordano Bruno, Galileo Galilei y consortes, pero desgraciadamente, vive en el siglo XXI y tiene que contentarse con verter su desprecio y sarcasmo a los pseudo-científicos desde una magra y a veces patética columna (en vez de hablar de lo que sabe, que seguro es mucho, y explicar cosas interesantes).
Me llama la atención la cantidad de gente, que sin saber, ni querer saber, se cree habilitada para despreciar y condenar a sistemas de pensamiento que no conoce ni quiere conocer. En cualquier foro de medicina alternativa, homeopatía o naturopatía, siempre viene el típico escéptico, auto-promulgado "rey de la razón científica triunfadora" y "única persona razonable" del foro, para intentar convencer a todos y todas que todo eso son chorradas, que son charlatanes que quieren forrarse utilizando a la gente, etc. (¿para qué pierde el tiempo en eso? Muy bien para él si no ha caído....)
Varias veces he intentado hablar con este tipo de personas, pero en general, no hay manera. Lo único que saben hacer es despreciar, decir que es "científicamente no fundado", y citar los varios ejemplos que conocen de gente que ha sido estafada por los charlatanes. Son poseedores de la razón y los demás unos obtusos.
Es imposible negar que, dentro de la masa de gente que se dedica a este tipo de terapias, habrá gente que quiere hacer dinero fácil, gente poco escrupulosa, gente que intenta mistificar a sus presas, usando la enfermedad y la desgracia ajenas para llegar a sus fines (llenarse el monedero). Es muy feo, pero el mundo en que vivimos es así en todos los ámbitos. Pero intentar bajo este precepto reducir todo lo que no sea "científicamente fundado" a vaticinios exentos de razón, o toda la gente que trabaja con esto a charlatanes, es absurdo e injusto. Hay muchos médicos que son médicos no porque les importe el sufrimiento de sus pacientes, pero porque es el camino que han encontrado para hacer pasta; algunos que han cometido fallos que han costado la vida a sus pacientes, y siguen ahí y tan tranquilos; muchos que recetan ansiolíticos y antidepresivos como si de aspirina se tratara, porque intentar entender lo que lleva a uno fuera de los comportamientos socialmente aceptados es más complicado que firmar una receta. ¿Por eso tenemos que decir que los médicos son todos unos charlatanes, que se van de congreso pagados por las farmaceúticas y recetan lo que les dicen éstas? Yo no lo haría.
El súbdito Miguel Ángel, aquella vez, se metía con los necios de los indios, con su yoga y sus chakras, riéndose bien alto y despectivamente, de los presuntos chakras, que claro está, no existen, ya que la ciencia no los ha visto. Este artículo traducía un sentimiento de superioridad intelectual de la raza blanca occidental "razonable", además de una ignorancia profunda respeto al sistema de pensamiento yóguico; pero lo peor era que, desde esta ignorancia, negaba que lo que conllevaba este sistema, su simbología, su visión del ser humano tuvieran sentido alguno.
Es decir, que estos indios tontos, desde 3000 años antes de Cristo, se contorsionan y hacen Oooooom porque son unos subnormales. Menos mal que por fin, ha venido Miguel Ángel para contárselo y contárnoslo.
Yo que pensaba que el positivismo científico había muerto con la relación de indeterminación de Heisenberg (este físico alemán demostró en 1927 que no podemos saber a la vez con toda precisión la posición y la velocidad de una partícula, y así mismo, se demostró que la propia manipulación necesaria para conducir el experimento influye en la respuesta del sistema), veo que hay un mogollón de gente que se proclama científica y que está anclado en unos esquemas mentales prehistóricos en lo que a ciencia se refiere. Para ellos, si algo no se puede demostrar, no existe. No les cabe en la cabeza que tal vez las máquinas de las cuales disponemos no sean lo bastante sensibles como para detectar algunos de los efectos "no demostrados". Que estos efectos tal vez sean tan complejos que no se reduzcan a las cosas relativamente sencillas que conocemos. Que tal vez solo hayamos escrito la A en todo el alfabeto del Universo que queda por descifrar. Que tal vez la duda sea la actitud más científica, antes que la certidumbre.
Yo soy científica de formación, y no creo que porque no se haya demostrado algo, no sea cierto. Los chinos dicen "Todos los caballos tienen cuatro patas, pero no todo lo que tiene cuatro patas es un caballo". Creo en los límites de nuestros sentidos, de nuestros aparatos de mediciones, y sobre todo en los límites de nuestra mente, estos sí, muchas veces auto-impuestos.
Con eso llego a donde quería: ¿por qué? ¿por qué tanta gente tiene que venir a demostrarte que lo que haces, crees, lo que has constatado por tú mismo no vale para nada, pues la ciencia no ha demostrado nada? Y desde su ignorancia y su estrechez de visión, te tachan de "jippi", de "idealista", de "fanático" y otros nombres bonitos, cuando yo no les digo nada, ni los fuerzo a venir a mi clase de yoga, ni a curarse con acupuntura...
Creo que hay dos actitudes ante el saber. Hay quien busca respuestas, y quien busca preguntas. Desgraciadamente la gente que busca respuestas tiene tendencia a olvidar que ninguna respuesta es definitiva. Detrás de una respuesta siempre hay otra pregunta. Por eso vino Einstein después de Newton; no podría haber existido su ley de la relatividad si no hubiera antes estudiado y digerido Newton; pero tampoco hubiera nacido este trabajo si Einstein hubiera visto en la ley de gravitación del de la manzana una respuesta definitiva y un dogma que no se podía poner en duda.....Renunciar a la duda, aferrarse a la respuesta aunque sea coja, es una apuesta para sentirse seguro en un mundo aterrador pero no es una actitud científica. Este comportamiento lo vi en una amiga que se alistó en una secta, donde el gurú daba las respuestas y dictaba el bien y el mal. Ya era imposible hablar con ella de nada, pues se hablaba por gurú interpuesto... pero claro, ella se sentía más tranquila y es lo que necesitaba. Lo mismo hace aquel que se aferra a la ciencia como un dios moderno y desestima lo demás; ello traduce la inmadurez de su consciencia, su necesidad de ser mecido por la ciencia, amamantado por la técnica, sermoneado por la razón... el gurú-razón. Y es una profunda inseguridad, la que finalmente le hace desacreditar cosas que no conoce y hablar cuando no sabe, en vez de dejar que hayan preguntas abiertas, un espacio vacío en sí para poder realmente conocer y crear.
PD: que todos los que se meten con los charlatanes empiecen por meterse con la charlatanería de los alimentos-medicamentos, el Danacol, los huevos con omega 3 y todo este marketing jugoso; los cientos de productos químicos potencialmente dañinos que hay en los cosméticos, por ejemplo: me parecen más graves todas estas manipulaciones, de que una ama de casa se vaya a hacer yoga para flexibilizar su columna vertebral o mejorar su vida sexual. He dicho.
domingo, 1 de febrero de 2009
Ciencia de pega (pégate un tiro)
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